Quien no ha recordado la
mirada de un ángel, se ha sentido meditabundo y ha llegado a
extasiarse en un segundo. Cada día que pasa eres producto de mi
añoranza, las noches me desgarran, me dueles, me puedes seducir, me
dejo refugiar entre el vértigo y el ocaso de tu introspección.
Quiero seguirte, desearte, dejar de añorarte. Considero dejar pasar
más y más momentos, meses, años, quizá al paso de mi tiempo te
sentirás un poco más familiar a mi, a lo mejor pasaré de ser sólo
una parte y seré el todo, en mi egoísmo, sólo hay un gran anhelo:
que decidas dormir siempre conmigo.

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